18 May Una transformación que ya está en marcha
Por Antonio Villalobos, Asesor legal de la Asociación de Corredores de Bancaseguros A.G.
Hablar de inteligencia artificial en seguros ya no equivale a hablar de futuro. En rigor, equivale a hablar de presente. Pero sería un error abordar ese presente desde una lógica puramente disruptiva o, peor aún, apocalíptica. Lo que está ocurriendo en la industria no es un reemplazo automático del canal humano por tecnología, sino una transformación más compleja. Una reconfiguración gradual de funciones, tiempos, expectativas y propuestas de valor. La IA está cambiando la forma en que se cotiza, se suscribe, se liquida un siniestro o se atiende a un cliente, pero eso no significa que el rol del corredor se vuelva marginal. Más bien obliga a repensarlo con mayor profundidad.
Datos del mercado nacional ayudan a poner esta conversación en contexto. Según el último reporte de nuestra Asociación, al cierre del año 2025 la industria aseguradora acumuló primas por MM$ 8.508.391, con un crecimiento del 3,0%. En este escenario, el canal de Banca Seguros mantiene una participación del 26% del mercado total, sumando MM$ 2.180.574. Este canal creció un 4,1%, superando el promedio nacional, impulsado por un sólido desempeño en el grupo Vida (17,5%) en productos como desgravamen y salud, lo que compensó la contracción del 5,3% en seguros generales. Esto confirma que la discusión sobre IA no ocurre en un sector en contracción, sino en una industria que crece, se complejiza y amplía su alcance.
A nivel internacional, además, la señal es clara. Distintos análisis coinciden en que la inteligencia artificial —y particularmente la IA generativa— está habilitando una personalización mucho más fina de las ofertas, mejorando la precisión en la evaluación de riesgos y reduciendo tiempos en procesos críticos como la gestión de siniestros. Pero ese avance no se traduce automáticamente en una desintermediación total. Por el contrario, en la medida en que aumenta la cantidad de información disponible, también aumenta la necesidad de interpretación.
El cliente tiene más opciones, pero no necesariamente toma mejores decisiones. Chile, en ese sentido, presenta una paradoja interesante. Por un lado, lidera la región en desarrollo de capacidades en inteligencia artificial y en número de empresas vinculadas a este ecosistema. Por otro, como han advertido distintos actores del sector tecnológico en medios como Diario Financiero, la adopción efectiva dentro de las organizaciones aún presenta brechas relevantes. No es un problema de acceso a tecnología, sino de implementación, talento y estrategia. Y esa brecha también atraviesa al mundo asegurador.
En paralelo, la discusión global sobre inteligencia artificial en seguros ha ido desplazándose desde la regulación hacia el impacto concreto en el negocio.
Según estudios, de febrero de 2026 de la consultora McKinsey & Company, la IA, y en especial la IA generativa, no solo está mejorando la eficiencia operativa, sino que tiene el potencial de redefinir la cadena de valor completa del sector. Según sus estimaciones, estas tecnologías podrían generar entre US$50.000 y US$70.000 millones en nuevos ingresos para la industria aseguradora a nivel global, especialmente en áreas como marketing, ventas y atención al cliente. Más relevante aún, el propio análisis advierte que el impacto de la IA no apunta a reemplazar los modelos existentes, sino a transformarlos desde dentro, integrando nuevas capacidades en procesos ya conocidos. En esa línea, la tecnología no elimina la intermediación, pero sí redefine dónde se genera el valor dentro de ella. Y ese punto es clave. Porque si algo caracteriza al negocio asegurador es que su valor no se mide en la contratación, sino en el momento en que se necesita. Es ahí donde la promesa se convierte en experiencia. Y es ahí donde la confianza deja de ser un concepto abstracto.
Por eso, quizás la pregunta correcta no es si la inteligencia artificial reemplazará al corredor, sino qué tipo de corredor demandará esta nueva etapa. Todo indica que uno menos centrado en tareas operativas y más enfocado en interpretación, asesoría y cercanía. La automatización puede mejorar tiempos, reducir fricciones y elevar productividad; pero mientras más digital se vuelve la operación, más visible se vuelve el valor de quien entiende el contexto del cliente y acompaña decisiones en escenarios complejos.
La transformación ya está en marcha. Y, más que reducir el espacio del corredor, parece estar obligándolo a ocupar uno más relevante.
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