En búsqueda del propósito corporativo y la sostenibilidad empresarial

Por María Isabel Aranda, gerente general de la Asociación de Corredores de Bancaseguros

“No habrá empresas exitosas en sociedades fracasadas”. En una simple frase el empresario y filántropo, Stephan Schmidheiny, nos sitúa en una realidad dura, que nos golpea, pero que es total y absolutamente cierta.

Es indudable que hoy la forma de hacer empresa no es la misma que hace dos décadas. Hoy nos encontramos frente a más desafíos que antes, en parte porque nos situamos en una sociedad más compleja, moderna y de una fragmentación política permanente. Y como organizaciones ya no es posible estar ajenas a estos contextos. Es más, la ciudadanía nos exige que ofrezcamos soluciones, reportemos los cambios que estamos implementando en materia de ESG y de ODS. En conclusión, qué actuemos.

Entonces, cuál es la hoja de ruta, el camino para lograr cumplir con estas nuevas expectativas que la sociedad tiene de nosotros. La respuesta no es simple, existen muchos caminos para lograrlo, o al menos acercarnos. Aquí la sostenibilidad corporativa y la ética empresarial cumplen un rol estratégico, donde estas áreas han venido trabajando desde hace algún tiempo en diversas herramientas que permiten a las empresas mejorar su vínculo con la ciudadanía. Si en los años 90 hablábamos de Responsabilidad Social Empresarial, hoy lo son la creación de valor compartido, sostenibilidad son el eje, licencia social para operar, entre otros. Pero ¿qué implica realmente que una organización sea sostenible?

Bajo mi perspectiva, nos plantea el importante desafío sobre cómo redefinimos nuestro propósito corporativo, identificamos impactos, nos abrimos a la transparencia con la entrega de información clara, precisa y simple a los consumidores y cliente, e impulsamos acciones que permitan una mejor resolución de conflictos y procesos eficientes de debida diligencia y cumplimiento.

Debemos asumir que la sociedad cambió y nuestro ámbito de acción también. Ya no sólo debemos preocuparnos del quehacer económico y financiero, sino que ya se nos exige como mirada reputacional ser parte de los procesos sociales en los que estamos insertos. Sin duda, la pandemia nos entregó una importante lección y puso a prueba nuestra resiliencia y capacidad de adaptarnos a contextos más cambiantes e inciertos.

Estamos en un momento crucial, donde debemos comprender que las empresas se basan en la esencia del código de las relaciones humanas, y que por tanto, elementos tales como el bienestar de los colaboradores y gestionar un mejor clima laboral para éstos, no son un medio para el logro de mayores rendimientos corporativos. Si no por el contrario, debe ser el fin último de las empresas, situación que conlleva a un aumento en la eficiencia y en el logro de objetivos derivados de una genuina preocupación por la gente que compone una compañía. Este factor, que parecería ser una sutileza, puede marcar una gran diferencia al momento de definir a las empresas del presente y las del futuro.